16 de abril de 2013


Quedamos en el aire, en la señal imperceptible y en la idea de lo incierto.
En la piel que acaricia nadie; a nadie.
Quedamos en las risas que no somos y en la verdad que no ocultamos.
Ahí quedamos, solos, secos; antes de ser, quedamos muertos.
Y entonces, en una palabra, nos damos cuenta de que estamos solos.
Todos.
Inevitablemente solos.

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