17 de julio de 2016

La canícula.
La maldita locura de esta ciudad enferma.
El vapor del concreto que se mete por las narices de todos.
El sinsentido de caminatas sin rumbo, de gritos sin voz. Ruido.
Todos somos un ruido despreciable, humano.
Cuerpos obesos, desnudos, lujuriosos, hambrientos.
Enloquecidos todos se arrancan la carne flácida a mordidas.
No puedo correr, no quiero correr.
Me quedo parado, solo con la música de ésta carcajada enferma también.
Un libro de los abrazos.
A lo Galeano, a lo Sabines.
Un libro hermoso.
Un libro para celebrarte, para recordarte.
Un párrafo que te sonría. Que te salude.
Un libro de los abrazos.
Distancia. Tiempo, de todo nos convertimos en nada.
De todo nos hicimos olvido.
Del humo de los bares, de las calles solas. 
De todo ya nos queda nada.
De lo sagrado, de tu olor en mi cuello, de las sabanas mojadas. Nada.