17 de junio de 2007

10 de junio de 2007

Two days tour...day two.

Este es el relato cuya continuación me ha encargado el último de los caballeros, mi hermano Franz Quesnay Barón de Epinay
sin embargo fieles a la verdad, no lo considero ni siquiera cercano a la calidad con que lo ha hecho él, como sea…
basta de elogios.

Somos extraños, ajenos, foráneos, casi extranjeros perniciosos, peor aún: somos capitalinos.

El prostíbulo de antaño nos abre sus puertas y entramos silenciosos, casi temblando, las banderas heráldicas cuelgan del cielo de la taberna, pasillos de roca, guardamos silencio, mientras somos conducidos a nuestra habitación, Turbonegro se mete las manos al bolsillo, enciende un cigarro, baja la mirada y no habla, el barón y yo justo delante del moro cargando los instrumentos al hombro, cerramos la puerta. Aquí esta noche dios estará en vela...

La iluminación es febril, rojiza, fugaz, tenue, bebemos un poco y esperamos, esperamos a la audiencia que ésta noche habrá de celebrarnos, todos visten de gala, maquillajes exóticos, uniformes de batalla y manos armadas por garras metálicas dignas de risa…orcos, bestias... ya lo huelen, no somos como ellos, hemos dejado la habitación un momento y nos miran fijamente, extrañados, volvemos y temblamos, es hora de que comience la función... el pasillo estrecho parece mas húmedo, mas largo, se escucha la banda local desde donde estamos, voz grave, monstruosa, se anuncian como criminales de sueños. Son invisibles.

Cesan, callan, terminó su turno, salimos del fondo y la extrañeza va en aumento... pequeños golpes a los tambores y acordes finos susurrados entre nosotros mismos nos anuncian, preparamos las armas, nuestras manos acarician las cajas de música y las miradas se vuelven cada vez más demandantes. El fuego, antorchas de fuego a nuestro lado, de nuevo el fuego, como la vez primera en que zarpamos, solo que ahora no está el puerto lleno de hermanos exaltados, son extraños y estamos aquí para ser juzgados...sonrisa, no podemos ser juzgados por vos...es hora de que vuestros sentidos se confundan, es nuestra hora.

El sonido es irreconocible, atado a mí bajo se revuelve el grito de una mariposa en celo, nos escuchan mientras buscan respuesta en los ojos de sus semejantes, no hay tal. Jamás han escuchado nada igual. “Avengers”, que mejor canción para abrir, el bajo que enjaula a la guitarra, la guitarra que en todo momento quiere gritar, ambos melódicos, ambos en espera, el barón es paciente y debe explotar poco a poco, la batería es entrecortada, y ambos obedientes a su orden “in crescendo”, cada dieciséis tiempos se detiene, cada vez esa pequeña pausa nos hace cerrar los ojos y apretar los dientes. Los orcos parecen molestarse, no hay metal…no aún…mis manos tiemblan, como tiembla tu cuerpo en ese justo instante antes de despertar del sueño en el que caes al vacío… volteamos todos hacia el centro, Turbonegro levanta los brazos en cruz y abre los ojos a la vez que los tambores nos hacen levantar las manos en alto…el instante previo al metal, la voz se torna fuerte y rasposa: ”…YOU THE LOVED ONE, NOW YOU ARE IN THE DEVIL SPOT, COME AND LOOK INSIDE…NOW YOU ARE IN MY FAVORITE GAME…” mi canción favorita, nuestra canción, todos se sientan al filo de las sillas, lo sabemos, son nuestros. Track 2.- Rape the beauty, El barón arremetía contra su Beretta encordada de una manera como antes jamás, sus ojos estaban perdidos en si mismo, los golpes con que le habla son excitantes, hipnóticos, trascendentales, el amante sodomita que te sonríe…y te seduce. Habíamos prometido tocar sin una sola gota de alcohol en la sangre, pero quién demonios se resiste a la grandeza de la ebriedad? turbonegro se funde en uno con micrófono y entrañas, el tempo de las canciones estaban hechas sin tener un lapso constante, y aún así Marco el hermoso nos condujo a la ejecución perfecta, estaba emocionado, que mas da si ha roto un par de tambores? Reímos a la vez que tocamos, caminamos por el escenario de roca firme… la última canción… delirium tremens le llamaba el barón a su compleja obra de guitarra, una delicia para tocar a su lado, no escucho nada más, debo pensar como él, pensamos lo mismo en el mismo momento. Aún teníamos muchas horas que permanecer en vela…y el prostíbulo debía sufrir nuestra presencia, el teléfono de la habitación no vería la luz del día, la regadera arrancada de la pared no corrió con mayor suerte, una silla quebrada, el abanico del techo terminó siendo el objeto estorboso en la entrada…dios veló así.

Hemos arrancado la melodía al alma de dios y la escupimos a las puertas del infierno… hemos bajado al pueblo y así fue como hablamos.